8 d’octubre de 2012

L’opinió política d’un jurista.


Sembla que a la darrera entrada penjada en aquest blog ja existeix una resposta (evidentment no a les seves humils lletres) de per on pot, o podria, continuar el tema. Una resposta no des d’aquí, sinó d'una veu sensata de l’altre costat, del costat dels “altres”. Un jurista de prestigi més que reconegut que no es planteja el tema de debat avui a Catalunya, i consegüentment a Espanya, des de les lleis existents i en vigor, sinó des de la necessitat política de trobar-hi una sortida política que hauria de comportar els canvis legals precisos.
 
 
“Si una minoría territorializada, es decir, no dispersa por todo el territorio del Estado, como sucede en algunos países del Este de Europa, sino concentrada en una parte definida, delimitada administrativamente y con las dimensiones y recursos necesarios para constituirse en Estado, desea la independencia, el principio democrático impide oponer a esta voluntad obstáculos formales que pueden ser eliminados. Si la Constitución lo impide habrá que reformarla, pero antes de llegar a ese extremo, hay que averiguar la existencia, y solidez de esa supuesta voluntad. Una doctrina que hoy pocos niegan y cuya expresión más conocida puede encontrarse en el famoso dictamen que la Corte Suprema de Canadá emitió en 1999 sobre la legitimidad de la celebración de un referéndum en Quebec (que, dicho sea de paso, los independentistas perdieron por poco más de 50.000 votos).
La Generalidad de Cataluña no puede convocar un referéndum, pero nada le impide pedirlo e incluso colaborar en su convocatoria.”
 
Sembla, però, que el Govern d’Espanya no està, encara, per aquesta tessitura. Mentre tant, tots plegats inflant el gos.
 
 
 
 
8 d’octubre.